7/6/11

Los Abuelos y sus nietos

Los abuelos ocupan un lugar muy especial en la vida de los nietos. Generalmente, luego de los padres, suelen ser las figuras más significativas para ellos. Cumplen un papel muy valioso, pues cuentan con la gran sabiduría de los años y las lecciones aprendidas de sus propias experiencias como padres. Esto hace que los abuelos estén en condiciones de ser grandes colaboradores y consejeros, posibilitando muchas veces una mayor integración familiar.

La abuela no es una niñera
La educación es ya una tarea lo bastante compleja como para además tener que repetir cuando se es ya un abuelo. Atrás quedaron los días en que cambiabas los pañales de tu bebe o lo alimentabas con tu pecho. No recuerdas demasiado bien cómo lo hiciste para sacar a tu hijo adelante, pero lo hiciste, y, además, bien. Hoy en día eres ya una queridísima abuela por parte de tus nietos, merecedora de plena confianza por parte de tu hijo o hija, quien te otorga el cuidado constante y diario de su pequeño. Muchas familias están convirtiendo a los abuelos en cuidadores de los hijos.

Pero en esta parte hay algo importante que decir, hay hijos que jamás se lo agradecieron a sus padres y encima les responsabilizaban cuando el niño muestra conductas poco oportunas. ¡Así es de ingrata la vida! pienso que la educación es responsabilidad de los padres y no de los abuelos.
Abuelos canguros:
Existen muchas razones por las que los padres prefieren dejar a su hijo con la abuela. Prefieren dejar al niño bajo sus atenciones que a los cuidados de niñeras o en una guardería. Otra de las razones es la económica. Sale mucho más económico para ellos si dejan a su hijo con la abuela. Puede que sus sueldos no permitan pagar el precio de una guardería o de una niñera. Además, con la abuela no existen límites de tiempo. No tienen que salir corriendo del trabajo para recoger al niño en el parvulario. Sin embargo, lo que muchos padres no consiguen ver es que, al final, están haciendo los abuelos de "canguros", de meros cuidadores. A algunos abuelos no les importan. Pero otros, que llevan una vida más social, ya están hartos de ser los sustitutos de los padres, aunque algunos lo aguantan callados con el miedo a que "si no se hacen cargo de los nietos, después no se los dejarán ver", y prefieren quedar bien con todos.
Celos y competitividad:
Al dejar a sus hijos con la abuela durante la mayor parte del día, a veces pueden despertar sentimientos de celos hacia ella. Obviamente, por el tiempo que están juntos, los niños construyen una confianza mayor en sus abuelos, y algunos padres acaban sintiéndose culpables y alejados de sus hijos. Esos temores son comprensibles. Lo que huye de lo normal es cuando se produce una "competitividad" entre los abuelos y los padres. Normalmente todo empieza con exigencias por parte de los padres que se muestran demasiado preocupados por si los niños comieron bien, si echaron la siesta, si los echaron de menos, y situaciones por el estilo.

"Quizás nos parezca una segunda oportunidad, pero no nos dejemos engañar, los nietos nunca serán tus propios hijos, y tus hijos nunca dejaran que sean sus padres".
Relación de los abuelos con los nietos
Los abuelos pueden proporcionar una asistencia práctica, apoyo, y una cadena de consejos útiles para cuidar al bebé. El encuentro de los abuelos con sus nietos es siempre muy enriquecedor para ambos lados. A muchos niños les encantan estar con sus abuelos por diferentes y variadas razones. Algunos porque al lado de los abuelos no existen tantas órdenes ni obligaciones. Otros porque pueden hacer cosas distintas con ellos, se sientan más libres. Algunos nietos ven a sus abuelos como un amigo, una especie de guía, como divertidos, cariñosos, mimosos y que les gusta estar con ellos. Pero, claro, todo depende de la forma de ser de los abuelos. Hay también los que apenas envejecen y continúan tratando a los más pequeños de una manera muy autoritaria y demasiado exigente.

Pero, por lo general, los abuelos sienten mucho placer con sus nietos. Estar con ellos es también una forma de renovarse personalmente. Es tener más participación en la familia, y sentirse más jóvenes y actualizados. Se aprende mucho con los niños.

Relación de los abuelos con los padres de sus nietos
Los abuelos están para dar cariño, echar una mano de vez en cuando, y pasar un buen rato con sus nietos. Si los abuelos van a estar con los nietos, lo ideal es que haya un acuerdo entre las partes, para el bien del niño y de todos. Para eso, es necesario que entre los padres y los abuelos exista una relación tranquila, específica y verdadera, libre de celos, en la que reine el respeto a las exigencias y a los hábitos del otro.

Enseñanza  abuelo-nieto
Los abuelos no cumplan con un papel de enseñanza, pues aunque no es su obligación, con las mejores intenciones suelen transmitir a sus nietos, los conocimientos que han acumulado de sus experiencias vividas a lo largo de los años. Ese saber único que la vida les ha dado, y que quizá en ninguna escuela se va a enseñar, es una de las mejores herencias que un abuelo puede dar a sus nietos.

EN CUANTO A LÍMITES ES IMPORTANTE RECORDAR:
•No desacreditar las reglas de los padres.
•Cada vez que se vaya a discutir un asunto de disciplina con los padres, es importante que los nietos no estén presentes.
•Aceptar la responsabilidad de cuidar a los nietos, es algo que debe pensarse bien. Es importante que lo haga sólo si siente deseos de hacerlo y si no tiene inconvenientes u otras prioridades que atender antes.
Su principal función como abuelo es disfrutar a sus nietos y divertirse con ellos. 
No se olvide de usted
Para sintonizarse con sus nietos:

•Quiera y ame a sus nietos como son, no por lo que usted piensa que deben ser.
•Disfrute a sus nietos, diviértase con ellos. Acompáñelos en sus actividades, participe de sus logros.
•Sea usted mismo, pero no los critique, sino aprenda también de ellos.
•Escuche su música y vea sus programas favoritos, pero también invítelos a escuchar sus historias y experiencias.
•Cuando hable con ellos:
◦Procure ir al grano, sin muchos rodeos o repeticiones que puedan distraerlos o aburrirlos.
◦Trate de llamar su atención con personajes interesantes o anécdotas curiosas
◦Evite las quejas o hablar de problemas de salud.
Hábleles con emoción y entusiasmo, pero también recuerde escucharlos      con mucha atención. 

Muchos abuelos con gran entusiasmo colaboran con el cuido de los nietos y se sienten incluso muy realizados con esta labor. Sin embargo, no hay que olvidar que sus vidas no son para entregarlas totalmente a los nietos. Ya habiendo criado a sus propios hijos, es ahora cuando más pueden dedicarse a sí mismos y a los proyectos o metas que no se habían podido alcanzar antes.

1/6/11

Los 7 Pecados Capitales + los 7 de nuestra era


Los pecados capitales son aquellos a los que la naturaleza humana los clasifico en vicios de acuerdo en las primeras enseñanzas del Cristianismo y Catolicismo hace ya 1500 años atrás, para de esta forma educar e instruir a los seguidores sobre la moral.

Un vicio es toda aquella práctica o hábito que se considera inmoral, depravado y degradante en una sociedad.

Son llamados pecados capitales porque generan otros pecados, otros vicios.  Los pecados capitales pueden ser materiales o espirituales, reales o imaginarios.

La iglesia Católica Romana, trabajó arduamente durante varios siglos para hacer una clasificación de los pecados según su gravedad, el daño ocasionado, o la intencionalidad.

Hubieron siete pecados que agrupados se denominaron “Capitales”, en alguna época se les consideró mortales y luego se les denominó “Cardinales”. Estos son: La Soberbia, La Avaricia, La Lujuria, La Ira, La Gula, La Envidia y La Pereza.

Estos siete pecados tienen de común denominador, que son desviaciones de nuestra personalidad, que deforman necesidades humanas y las convierten en conducta pecaminosa.

Estos son:

Lujuria. La lujuria es usualmente considerada como el pecado que incluye pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual. En su máximo grado puede llevar a compulsiones sexuales o sociológicas y transgresiones incluyendo entre muchas de ellas a la adicción al sexo, adulterio y violación.

Gula. Actualmente la gula o glotonería se la identifica como el consumo excesivo de comida y bebida, aunque en el pasado cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este pecado. Es el consumo excesivo de manera irracional o innecesaria.

Avaricia. La avaricia es, como la lujuria y la gula, un pecado de exceso. Es el deseo desordenado de posesión y de adquirir riquezas y bienes materiales para atesorarlas.

Pereza. Se le conoce también como flojera, haraganería, holgazanería. La falta de ganas para realizar movimientos o trabajos.

Ira. Odio, enojo. Deseos de venganza, desear hacer mal a otros. Una definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o religión, llevando a la discriminación. Las transgresiones derivadas de la ira están entre las más serias, incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos extremos, genocidio.

Envidia. Querer el bien ajeno. Deseo de poseer algo que otro posee. También es un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.

Soberbia. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás. Es la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás.

Pero, para esta época o para estos tiempos los 7 pecados capitales quedaron ya obsoletos y El 10 de  marzo de 2008 el Vaticano publicó en el periódico L’Osservatore Romano los “Nuevos pecados capitales”, que son 7:

No realizarás manipulaciones genéticas.
No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones.
No contaminarás el medio ambiente.
No provocarás injusticia social.
No causarás pobreza.
No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común.
No consumirás drogas.

31/5/11

CLAVES PARA LA EDUCACIÓN DE TUS HIJOS

 1) Los padres deben educar la voluntad de los hijos y sus sentimientos. Preparar a un hijo para la vida no es satisfacer todas sus voluntades y todos sus caprichos.
Enseña a tu hijo a renunciar y a oír "no".

No impongas la renuncia, pero llévalo a aceptarla libremente.
Señala la razón del renunciar, su valor y necesidad para la vida.
Si no aprende ahora a decir no a lo permitido, luego no sabrá decir no a lo prohibido.

El exceso de mimos echa a perder a los niños; los hijos muy mimados sufren mucho en la vida. Vivirán siempre alterados e inseguros.

El exceso de mimos y de censuras, críticas y castigos es la principal causa de inseguridad en los jóvenes. Los grandes hombres de la historia soportaron pruebas y privaciones en la vida. Poco se puede esperar de los hombres que nunca supieron lo que son privaciones, renuncias y sacrificios.
Los que reciben todo en la infancia no sabrán dar nada como adultos.

2) La cólera es nociva para la educación de los hijos. La ira nos lleva a decir palabras sin pensar y a actuar irreflexivamente.
El hablar sin pensar y el actuar sin reflexionar pueden lastimar, herir, ofender y llevar a cometer injusticias.
Habla con tu hijo con calma y ten actitudes ponderadas.
La cólera, la ira, la falta de dominio pueden hacer que se cometan desatinos.
Muchos padres, llevados por la ira del momento, hieren el corazón de los hijos con palabras semejantes a éstas:
"Tú no sirves para nada." "Maldita la hora en que te engendré." "Tú eres la vergüenza de la familia." "Tú no vales nada." "¡Tú eres un hijo indigno! "
Después, cuando estás en calma, reflexionas y te arrepientes. Pero será demasiado tarde. Las palabras ya fueron dichas y el corazón de tu hijo ya fue herido.
Piensa antes de hablar y reflexiona antes de actuar.
A un corazón herido siempre le queda una cicatriz.
No hables sin pensar y sin medir el alcance de tus palabras.
No hagas un gesto sin medir las consecuencias.
Tu hijo es un tesoro que merece todo el amor, respeto y cariño; es un tesoro de la vida entregado en las manos de los padres.

3) El secreto que un hijo confía al padre o a la madre debe ser como una piedra lanzada al mar. Se esconde en el fondo, nadie la ve, descubre, conoce.
Sé siempre discreto, guarda en lo profundo del corazón el secreto de tu hijo. La confianza, una vez, perdida, difícilmente se recupera.
Un joven comienza a desorientarse desde el momento en que pierde la confianza en sus padres. Mientras los hijos confíen en los padres, tendrán siempre una luz que los ilumine, una guía que los conduzca y, una brújula que los oriente.

4) La mejor escuela de la vida es el ejemplo de los padres. Los hijos precisan más los ejemplos que las enseñanzas.
Los padres no les pueden exigir virtudes y cualidades que ellos no tienen. Vigilando sus propias obras, los padres estarán construyendo la moral de sus hijos. ¿Qué ejemplos les das? ¿A ti te gustaría que tus hijos hicieran lo que tú haces?

 5) La misión de los padres es orientar, esclarecer, amar, comprender, incentivar. Actuar así es darle la oportunidad a tu hijo para que se afirme en la vida. El amor que los hijos reciben de los padres y la confianza que éstos depositan en ellos es para los jóvenes un seguro amparo de vida.

6) El desahogarse es una necesidad psicológica de toda persona. Tu hijo muchas veces está psicológicamente agobiado y siente la necesidad de desahogarse. Precisa decir lo que siente.
Escucha con paciencia y benevolencia su desafío, aunque hable en forma agresiva e irritada.
Aprende a escuchar con paciencia y atención el desahogo de tu hijo y evitarás muchas discusiones, desavenencias y contrariedades.
Deja que tu hijo diga todo lo que siente y, cuando esté en calma, estará en condiciones de razonar y reconocer el error.
Comparte las dudas, angustias y problemas de tu hijo y él será tu amigo.

7) Saber escuchar en silencio es una virtud que los padres también deben tener. Antes de contradecir a tu hijo, escucha, analiza y trata de comprender lo que él quiere decir. Y después habla, pero con amor.
Cuando los padres se precipitan en responder o en contradecir al hijo, pueden cometer una injusticia o interpretar de modo incorrecto, y esto suscita la rebeldía del hijo.
Deja que tu hijo hable y oiga pacientemente, y sólo después habla, analiza, medita y dialoga con él.
Una persona irritada no está en condiciones de oír y comprender.

30/5/11

Aceptar el pasado

La vida sin asignaturas pendientes

La interpretación de decisiones anteriores más o menos acertadas debe alejarse del concepto de fracaso y acercarse al aprendizaje vital
Quien cree que cometer errores equivale a fracasar, olvida que las equivocaciones forman parte fundamental de todo aprendizaje. Además, niega la posibilidad de reparar aquello que siente como una asignatura pendiente y que tal vez pueda solucionarse, siempre y cuando se haga para mejorar el presente y no con la intención de reparar el pasado. "Si hubiese hecho, si hubiese dicho, si me hubiese comportado de otra manera o hubiera optado por la otra opción"... Echamos la vista atrás y nos culpabilizamos por acciones de nuestro pasado y pensamos que ahora pagamos las consecuencias. También achacamos lo que no nos gusta del presente a situaciones desfavorables que nos tocó vivir. Concluimos entonces que, si pudiéramos, cambiaríamos algunos capítulos de nuestra vida porque son culpables de que no tengamos lo que merecemos y de que no seamos lo felices que podríamos ser. ¿Cuánto de razón o sinrazón hay en ello?

Hemos de admitir que las decisiones que resultaron no ser las más acertadas condicionan muchas facetas de nuestra vida. De hecho, lo que somos es producto tanto de lo que hicimos como de lo que dejamos de hacer, y nos afecta en lo académico, profesional, doméstico y emocional. Es comprensible que en determinadas situaciones, que suelen coincidir con momentos de inestabilidad o de carencias emocionales, nos lamentemos por no haber adquirido habilidades concretas o por haber dejado escapar a aquella persona que tanto bien nos hacía. Sentirlo con cierta añoranza no es negativo, siempre que aceptemos nuestro presente y lo vivamos con agrado, no con resignación. Pero si no partimos de esa aceptación satisfactoria y andamos de continuo con la vista atrás pensando en lo que fue y en lo que pudo haber sido, tendremos que plantearnos si no estamos viviendo con asignaturas pendientes.

Cuáles pueden ser las asignaturas pendientes:

• Añorar con dolor y sentimiento de fracaso el no haber cursado determinados estudios.
• No haber aclarado aquel malentendido por el que perdimos a una persona querida.
• No habernos despedido o haber manifestado nuestro amor a esa persona que amábamos y se nos fue.
• Pensar que no hicimos lo suficiente por alguien y sentir que, no sólo hemos decepcionado a esa persona, sino también a nosotros mismos.
• Creer que hubiéramos podido evitar alguna desgracia que ocurrió en nuestro entorno.
• Culpabilizarnos de la falta de decisión o bien de la decisión tomada sobre algún asunto importante, por las consecuencias que ha tenido en nuestra vida.
Las citadas asignaturas pendientes corresponden a situaciones del pasado cuya influencia en nuestra realidad cotidiana tendemos a magnificar. Vistas en la actualidad y con un sentimiento de fracaso, incapacidad e incluso de culpa, podemos idealizar lo que hubiera sido nuestra vida si no existieran, si hubiéramos sabido gestionar lo que ocurrió de manera diferente. Pero lo cierto es que no hay vuelta atrás y no sabemos, ni podremos saber, qué hubiera sido de nosotros y de nuestras vidas si nuestra asignatura pendiente no existiera.

¿Por qué se hacen presentes las asignaturas pendientes del pasado?

• Porque no nos gusta ni aceptamos nuestra vida tal y como es.
• Perseguimos la ilusión de un 'mundo perfecto' y consideramos que lo que hicimos o dejamos de hacer es la clave de nuestro infortunio.
• Nos comparamos con lo que otros tienen y en esta competición nos arrepentimos de decisiones que tomamos en el pasado.
• Nos sentimos culpables por haber fallado a alguien.
• Pensamos que dejamos escapar oportunidades especiales.
• Juzgamos que no supimos, por incapacidad o por miedo, abordar algún problema al que había que dar respuesta.
• Suponemos que huimos por cobardía de algo que dejamos sin solucionar.
• Lamentamos que fuimos unos irresponsables y no hicimos lo que debíamos por falta de esfuerzo y disciplina.
• Percibimos que nos falló la oportunidad o las condiciones que deberíamos haber tenido para poder hacer tal o cual cuestión.

Como se ve, en las asignaturas pendientes se mezclan sentimientos dolorosos, como la insatisfacción, la incapacidad personal, la falta de confianza, la irresponsabilidad, la exigencia perfeccionista, el victimismo, el miedo y la culpa. Se sostienen porque se parte de la falsa creencia de que cometer errores equivale a no valer. Las equivocaciones del pasado se toman, entonces, como fracasos personales y no como parte fundamental de todo aprendizaje, olvidando que sirven para percibir lo que no nos conviene o nos hace mal. Usarlas para maltratarnos y castigarnos, además de despojarlas de su utilidad, nos lleva a recaer en otro nuevo error: castigarnos.

Además, dependiendo de nuestro momento actual y de cuál sea nuestra asignatura pendiente quizá podamos reparar aquello que pensamos que hicimos equivocadamente, acometer lo que no hicimos, aclarar malentendidos, decir lo que no dijimos, pedir perdón o dar las gracias. Pero es importante hacerlo desde la idea de que nos va a procurar mayor felicidad y ahora es posible porque se ha aprendido del error del pasado. Hacerlo para llenar huecos y negar lo que fue es no vivir el presente.

Para no caer en nuevas asignaturas pendientes, tengamos en cuenta que...

• Nuestra vida no puede funcionar exclusivamente por el concepto del DEBER, que en ella hemos de dar cabida al QUERER.
• La comparación, la competitividad y la insatisfacción son malas compañeras de viaje y nos llevan a no poner punto y aparte a ningún capítulo de nuestra vida.
• Nuestra responsabilidad ha de ser para con nuestra vida y no con la de los demás.
• El miedo es necesario para no caer en una osadía temeraria, pero no hay que dejar que paralice ni bloquee nuestras conductas.
• El sentimiento de culpa nos avisa de la transgresión de los valores por los que nos guiamos y nos incita a que revisemos nuestro comportamiento, pero no por ello hay que auto agredirse con reproches, descalificaciones ni desvalorizaciones.
• Nuestros errores no deben servirnos para que nos sintamos incapaces, inútiles ni inferiores, sino para aprender en próximas ocasiones.